Dilo.

Una persona muy importante en mi vida me enseño que no temiera expresar mis sentimientos.... y yo añado que todo lo que te calles... un dia te puede ahogar... precisamente cuando ya no valga de nada lo que digas.. Dilo , escríbelo , grítalo o cántalo... pero no te lo guardes... harás feliz a quien bien te quiere... 

Y quedarse sólo con lo bueno.

Zenaida estaba convencida de que a la vida se venía a disfrutar, y no a sufrir como solían decir los curas. Sabía desde que era pequeña, porque así se lo había enseñado su madre, que hay que retener firmemente las cosas agradables que nos ocurren y construirse con ellas una fortaleza, y alejar en cambio a manotazos y patadas todo lo feo que se empeña en rodearnos y aplastarnos contra el suelo. Si tenía un disgusto, era capaz de plantarle cara y espantarlo como a un fantoche, pensando en los buenos momentos que había vivido y en los que aún le quedaban por gozar. Y en las noches de invierno, cuando la añoranza y las ganas de estar con Almícar eran tan profundas que amenazaban con cortarle la respiración, cerraba los ojos y recordaba cada minuto de las últimas horas que había pasado con él, hasta que percibía su olor y su aliento sobre ella, y terminaba por dormirse arrullada en sus espasmos. Si realmente existía algún ser sobre la tierra de que se pudiese decir que era feliz, ese era Zenaida. 

Solo así.


"Si no es amor del bueno, loco, intenso, déjalo. Hay suficientes cosas mediocres en esta vida. El amor no debería de ser una de ellas.”

Cultura Profética, Antes.



"Yo a ti te conozco de antes
he visto esos ojos andantes
te conozco de antes
Tal vez de un tiempo en que
mi memoria no alcanza,
tal vez de un tiempo en que
no habitaba esta masa
tal vez en un tiempo en que
el lenguaje no hablaba
tal vez ni tiempo fue. 
Te conozco de antes 
y esto me provoca pensarte
te conozco de antes
Cómo cuando y donde fue
quiero saber, preciso entenderlo" 


Si. Tú.

Háblame. Dime que vuelves. Dime que deseas esto tanto como yo. Ni mañana ni en cien años, ahora, dando vueltas en tu casa y sin poder dormir, pensando en cada momento que pasamos juntos, en cada mirada, en esa cara que dices que pongo cuando tú me escribes. Háblame por que yo te espero. Por que vivo y no hay otro igual. Por que tu último mensaje fue un beso, y es todo lo que yo deseo.

Pues era un millón de pequeños detalles, y al sumarlos todos se veía que estábamos hechos el uno para el otro. Y yo lo supe, lo supe la primera vez que la toqué. Fue como llegar a casa, sólo que a una casa que nunca había visto, y fue al darle la mano para ayudarla a bajar de un coche...Y lo supe. Fue como... Magia.

Ya no.


Y aunque aprecio tu compañía, ya no me duele cuando no estás.